
Harvard ya utiliza avatares de IA para formar emprendedores: ¿estamos ante una nueva era de capacitación?
La inteligencia artificial está comenzando a transformar no solo lo que aprendemos, sino también la forma en que accedemos al conocimiento experto.
Harvard Business School acaba de entregar una señal particularmente interesante: utilizar avatares de inteligencia artificial de sus propios instructores para acompañar la formación de emprendedores.
A primera vista puede parecer simplemente otra aplicación llamativa de IA.
Pero lo verdaderamente interesante ocurre detrás del avatar.
Estamos comenzando a ver cómo el conocimiento, la experiencia y determinados criterios de un experto pueden transformarse en una capacidad digital disponible bajo demanda.
Y eso podría tener importantes consecuencias para universidades, empresas y organizaciones.
¿Qué está haciendo Harvard con inteligencia artificial?
Harvard Business School incorporó avatares creados con inteligencia artificial en HBS Foundry, un programa intensivo de ocho semanas dirigido a emprendedores.
El programa tiene un valor de US$699 y combina sesiones semanales con instructores humanos y experiencias apoyadas por inteligencia artificial.
Los participantes pueden interactuar con representaciones digitales de instructores y expertos durante ejercicios como presentaciones ante inversionistas y reuniones de directorio.
Los avatares fueron desarrollados utilizando tecnología de HeyGen y permiten entregar retroalimentación individual durante estas instancias de práctica.
Un aspecto importante es que Harvard no eliminó la participación humana. El programa continúa realizando sesiones en vivo con instructores, mientras los avatares amplían las posibilidades de práctica y retroalimentación.
Es decir, no estamos necesariamente frente a un modelo de sustitución.
Estamos frente a un modelo de aumento de capacidades mediante inteligencia artificial.
Lo importante no es el avatar
Es fácil quedarse mirando la tecnología.
Un profesor digital capaz de hablar y entregar retroalimentación resulta llamativo.
Pero el verdadero cambio ocurre detrás de la pantalla.
Durante décadas, uno de los principales problemas de la capacitación ha sido la dificultad para escalar el conocimiento experto.
Un especialista puede realizar una clase para 20, 100 o incluso miles de personas mediante una transmisión. Sin embargo, cuando cada participante necesita practicar, preguntar, equivocarse y recibir retroalimentación personalizada, aparece inmediatamente una limitación:
el tiempo del experto.
La inteligencia artificial comienza a modificar esa ecuación.
Un sistema basado en IA puede estar disponible cuando el alumno lo necesita y permitir repetir una experiencia tantas veces como sea necesario.
La capacitación deja entonces de ser solamente:
contenido → alumno
y comienza a evolucionar hacia:
contenido → práctica → interacción → retroalimentación → mejora.
Ese cambio es mucho más profundo que simplemente agregar inteligencia artificial a un curso.
De transmitir conocimiento a crear experiencias de aprendizaje
Existe otro aprendizaje interesante detrás del experimento.
La responsable del proyecto, Katharina Rings, explicó que inicialmente imaginó la experiencia de inteligencia artificial como algo más parecido a un chatbot. Después de probar una primera versión, los estudiantes solicitaron una experiencia más guiada.
Esto deja una enseñanza importante para cualquier organización que esté incorporando inteligencia artificial:
implementar IA no significa poner un chatbot en todas partes.
La pregunta correcta debería ser:
¿Qué experiencia queremos mejorar y qué papel puede desempeñar la inteligencia artificial dentro de ella?
En determinados escenarios será un asistente conversacional.
En otros será un agente capaz de ejecutar tareas.
En otros, un sistema que analiza documentos.
Y en capacitación puede transformarse en entrenador, evaluador, simulador o avatar especializado.
La tecnología debería adaptarse al problema.
No el problema a la tecnología.
¿Qué significa esto para las empresas?
Ahora llevemos el experimento fuera de Harvard.
Imaginemos una empresa que pudiera desarrollar un asistente basado en el conocimiento de sus mejores vendedores para entrenar nuevos ejecutivos comerciales.
Un colaborador podría practicar una conversación con un cliente difícil antes de enfrentarse a la situación real.
Un equipo de atención podría entrenarse frente a distintos escenarios y objeciones.
Una organización podría desarrollar un especialista digital capaz de explicar procedimientos internos.
Un experto técnico podría convertir parte de su conocimiento en un sistema disponible para cientos de colaboradores.
Una empresa con equipos distribuidos territorialmente podría entregar capacitación consistente sin depender exclusivamente de sesiones presenciales.
Las posibilidades comienzan a multiplicarse.
Y aparece una pregunta empresarial mucho más interesante que simplemente preguntarnos qué avatar utilizar.
El conocimiento experto puede convertirse en un activo digital
Las organizaciones poseen una enorme cantidad de conocimiento que rara vez está correctamente sistematizado.
Está distribuido entre documentos, procedimientos, correos electrónicos, presentaciones, reuniones y, sobre todo, la experiencia acumulada de las personas.
Cuando un profesional experimentado abandona una organización, muchas veces parte de ese conocimiento desaparece con él.
La inteligencia artificial abre una oportunidad diferente.
Podemos comenzar a capturar, estructurar y transformar parte de ese conocimiento en sistemas inteligentes capaces de ayudar a otras personas.
No significa clonar completamente a un experto.
Tampoco significa reemplazar su experiencia o criterio.
Significa convertir conocimiento organizacional en una capacidad reutilizable y escalable.
Y esa diferencia es fundamental.
¿Podremos crear “expertos digitales” dentro de las empresas?
En cierta medida, ya estamos avanzando hacia ese escenario.
Un asistente corporativo puede utilizar documentación interna para responder preguntas sobre procedimientos.
Un agente especializado puede realizar determinadas tareas.
Un sistema de IA puede analizar grandes cantidades de información y recuperar aquella que resulta relevante para una persona.
Un avatar puede agregar una interfaz humana y conversacional a ese conocimiento.
Cuando combinamos estas tecnologías aparece una posibilidad mucho más interesante:
especialistas digitales disponibles permanentemente dentro de una organización.
No necesariamente para reemplazar personas, sino para aumentar su capacidad.
Un trabajador nuevo podría consultar al sistema antes de interrumpir a un compañero.
Un vendedor podría ensayar una negociación.
Un ejecutivo podría preparar una presentación.
Un colaborador podría consultar procedimientos internos.
Un equipo podría simular escenarios antes de tomar una decisión.
La capacitación dejaría entonces de ocurrir exclusivamente en determinados horarios.
Podría integrarse directamente al flujo cotidiano de trabajo.
Pero crear un avatar no significa crear conocimiento
Aquí aparece una advertencia importante.
La facilidad actual para generar personajes digitales puede producir una falsa sensación de innovación.
Un avatar visualmente impresionante que entrega respuestas mediocres sigue siendo una mala solución.
Para generar verdadero valor necesitamos algo bastante más profundo:
fuentes confiables + conocimiento estructurado + contexto + reglas + experiencia de usuario + supervisión humana.
También aparecen preguntas relevantes sobre privacidad, propiedad intelectual, consentimiento para utilizar imagen y voz, actualización del conocimiento y responsabilidad frente a respuestas incorrectas.
Por eso, una estrategia empresarial de inteligencia artificial no debería comenzar preguntando:
“¿Qué herramienta compramos?”
Debería comenzar preguntando:
“¿Qué capacidad necesitamos desarrollar?”
La IA no necesariamente reemplaza al profesor: multiplica sus posibilidades
El caso de Harvard también permite cuestionar una visión demasiado simplificada sobre inteligencia artificial.
Con frecuencia la discusión se plantea en términos binarios:
humano versus IA.
Probablemente el escenario más interesante sea otro:
humano + IA.
En el modelo utilizado por HBS Foundry continúan existiendo sesiones dirigidas por personas. Los avatares permiten ampliar las oportunidades de práctica y retroalimentación entre esas interacciones.
Este modelo puede resultar especialmente potente dentro de las organizaciones.
El especialista humano aporta experiencia, criterio, empatía, contexto y capacidad para abordar situaciones complejas.
La inteligencia artificial aporta disponibilidad, repetición, escalabilidad y acceso inmediato.
La oportunidad aparece cuando diseñamos correctamente la relación entre ambos.
De cursos digitales a sistemas de aprendizaje inteligentes
Durante años digitalizamos la capacitación trasladando el modelo tradicional a internet.
Grabamos una clase.
La subimos a una plataforma.
Agregamos documentos.
Incorporamos una evaluación.
Y llamamos a eso formación digital.
La inteligencia artificial permite avanzar bastante más.
Podemos construir experiencias donde las personas conversan, practican, reciben retroalimentación, consultan documentación y enfrentan simulaciones personalizadas.
El contenido deja de ser completamente estático.
Se transforma en una experiencia interactiva.
Y probablemente allí esté uno de los cambios más importantes que veremos durante los próximos años en educación corporativa y desarrollo de talento.
¿Qué debería preguntarse hoy una empresa?
No necesariamente si necesita crear mañana un avatar de su gerente general.
Existe una pregunta estratégica bastante más importante:
¿Qué conocimiento crítico existe hoy dentro de nuestra organización que debería estar disponible para más personas?
Puede estar en un vendedor experimentado.
En un técnico.
En un ejecutivo.
En determinados procedimientos.
En cientos de documentos.
O incluso en años de experiencia acumulada que nunca fueron sistematizados.
Después viene una segunda pregunta:
¿Cómo podemos utilizar inteligencia artificial para transformar ese conocimiento en una capacidad accesible, interactiva y escalable?
Harvard está experimentando con ello en educación.
Las empresas pueden comenzar a explorarlo en capacitación, onboarding, ventas, soporte, gestión del conocimiento y desarrollo organizacional.
La verdadera transformación comienza cuando dejamos de mirar herramientas
En VirtualPoint creemos que el mayor potencial de la inteligencia artificial no está simplemente en utilizar nuevas aplicaciones.
Está en convertir posibilidades tecnológicas en capacidades empresariales.
Un avatar es una interfaz.
Un chatbot también.
Un agente es una pieza dentro de un sistema mayor.
El verdadero valor aparece cuando tecnología, conocimiento, procesos y personas se articulan alrededor de un problema concreto.
Por eso el experimento de Harvard resulta especialmente interesante.
No porque ahora exista un profesor representado mediante inteligencia artificial.
Sino porque anticipa algo bastante más profundo:
el conocimiento experto está comenzando a transformarse en una capacidad digital que puede acompañar a las personas cuando realmente lo necesitan.
Y esa transformación recién comienza.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un avatar de inteligencia artificial?
Un avatar de IA es una representación digital de una persona o personaje que utiliza tecnologías de inteligencia artificial para generar voz, imagen, conversación u otras formas de interacción. Dependiendo de su implementación, puede utilizarse para capacitación, atención, comunicación o simulación de situaciones.
¿Puede utilizarse inteligencia artificial para capacitación empresarial?
Sí. La IA puede apoyar procesos de capacitación mediante asistentes especializados, análisis de documentos, simulaciones, evaluaciones, generación de contenidos, retroalimentación personalizada y sistemas de consulta basados en conocimiento interno.
¿Los avatares de IA pueden reemplazar a los capacitadores?
No necesariamente. Uno de los modelos más interesantes consiste en utilizar IA para ampliar la disponibilidad y capacidad de los especialistas humanos, reservando su intervención para aquellas situaciones donde experiencia, criterio, empatía y contexto resultan fundamentales.
¿Qué conocimiento de una empresa puede convertirse en un asistente de IA?
Procedimientos internos, manuales, documentación técnica, preguntas frecuentes, metodologías comerciales, políticas, material de capacitación y otros conocimientos organizacionales pueden estructurarse para ser utilizados por sistemas de inteligencia artificial, siempre considerando permisos, privacidad, seguridad y mecanismos de actualización.
¿Por dónde debería comenzar una empresa?
Antes de seleccionar una herramienta, conviene identificar un problema concreto, el conocimiento necesario para resolverlo, las personas involucradas y el impacto esperado. La tecnología debería seleccionarse después de comprender esa necesidad.
Fuente
Artículo elaborado por VirtualPoint a partir del caso de HBS Foundry informado por TechCrunch el 22 de agosto de 2026: “Harvard’s $699 startup bootcamp offers AI avatars of its instructors”.
Fuente original: TechCrunch.