
Inteligencia artificial desde el territorio: microempresas de Valdivia llevan la IA a su trabajo cotidiano
Comerciantes y emprendedores participaron en la masterclass “IA Aplicada al Trabajo para Microempresas Regionales”, dictada por Boris González, presidente de ARIA Los Ríos y CEO de VirtualPoint. La jornada puso el foco en un desafío concreto: demostrar que la inteligencia artificial también puede generar valor en los pequeños negocios y que comenzar a utilizarla no requiere saber programar ni disponer de grandes recursos tecnológicos.
La inteligencia artificial suele aparecer vinculada a grandes compañías, sofisticados procesos de automatización y transformaciones tecnológicas que pueden parecer distantes de la realidad de un almacén, una ferretería, una tienda o un pequeño emprendimiento regional.
En Valdivia, una experiencia realizada esta semana buscó demostrar exactamente lo contrario.
La Masterclass gratuita “IA Aplicada al Trabajo para Microempresas Regionales” reunió a comerciantes y emprendedores en dependencias de la Cámara de Comercio Detallista de Valdivia para experimentar directamente con inteligencia artificial aplicada a situaciones habituales de sus negocios.
La actividad fue dictada por Boris González, presidente de ARIA Los Ríos —Asociación Regional de Inteligencia Artificial de Los Ríos— y CEO de VirtualPoint, y se desarrolló en el marco del convenio de colaboración suscrito entre ARIA Los Ríos y la Cámara de Comercio Detallista de Valdivia.
El acuerdo fue firmado por Reinaldo Zúñiga, presidente de la Cámara de Comercio Detallista de Valdivia, y Boris González, en representación de ARIA Los Ríos, estableciendo una línea de colaboración orientada a acercar las nuevas capacidades tecnológicas al ecosistema empresarial local.
Una pregunta diferente: ¿qué problema podemos resolver?
La propuesta de González durante la jornada evitó deliberadamente convertir la actividad en una exposición sobre herramientas, modelos o conceptos técnicos. El punto de partida fue mucho más cercano a la realidad de quienes administran diariamente un negocio: identificar dónde se pierde tiempo y comprobar si la inteligencia artificial puede ayudar a recuperarlo.
Los asistentes trabajaron desde sus propios teléfonos celulares. La metodología combinó aproximadamente un 40% de contenidos conceptuales con un 60% de ejercicios y demostraciones prácticas, reduciendo al mínimo las barreras técnicas.
“La oportunidad no está en aprenderse el nombre de todas las herramientas de inteligencia artificial. Está en descubrir qué problema de nuestro trabajo podemos resolver mejor con ellas”, fue una de las ideas que atravesó la masterclass.
Desde esa perspectiva, la IA dejó de presentarse como una tecnología reservada para especialistas y comenzó a entenderse como un nuevo colaborador al que es necesario entregar contexto, instrucciones y objetivos.
La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la conversación.
De una respuesta en ChatGPT a recuperar horas de trabajo
Durante la jornada se trabajó sobre situaciones reconocibles para cualquier pequeño empresario: responder consultas de clientes, redactar información comercial, preparar el borrador de una cotización, resumir documentos, ordenar antecedentes o transformar información compleja en una explicación sencilla.
El foco no estuvo puesto en demostrar que una inteligencia artificial puede escribir un texto. Eso ya es relativamente conocido.
La pregunta más relevante fue cuánto trabajo repetitivo existe detrás de la operación cotidiana de una empresa y cuánto de ese tiempo podría recuperarse.
Un correo puede tomar sólo algunos minutos. Una cotización, un poco más. Responder una consulta frecuente parece irrelevante. Pero cuando esas acciones se repiten decenas de veces durante una semana y cientos de veces durante un año, la ecuación cambia.
Para González, allí existe una oportunidad especialmente importante para las micro y pequeñas empresas: utilizar inteligencia artificial no necesariamente para reemplazar procesos completos, sino para comenzar eliminando pequeñas fricciones que consumen tiempo todos los días.
Ese tiempo puede volver precisamente a aquello que una máquina difícilmente puede sustituir: atender mejor a un cliente, vender, negociar, conocer el mercado, construir confianza o tomar una decisión.
“¿Y esto me va a dejar sin pega?”
La masterclass también abordó directamente una de las preguntas que muchas veces permanece detrás de la conversación sobre inteligencia artificial: qué ocurrirá con el trabajo de las personas.
La respuesta presentada por Boris González evitó tanto el optimismo tecnológico exagerado como el discurso del reemplazo inevitable.
Algunas tareas van a cambiar. El oficio, el criterio y la responsabilidad humana siguen teniendo un valor fundamental.
Una IA puede redactar el borrador de un correo, ordenar información o ayudar a preparar una cotización. Pero no conoce por sí sola la historia de un cliente, las particularidades de un barrio, la reputación construida durante años ni las relaciones que sostienen a un pequeño negocio.
Tampoco asume las consecuencias de una mala decisión.
Una de las ideas utilizadas durante la jornada lo resumió así:
“Nadie te contrata por hacer la tarea. Te contrata porque alguien tiene que responder por el resultado. Eso sigue siendo tuyo.”
La distinción entre automatizar tareas y reemplazar el conocimiento de un oficio resulta especialmente importante para el pequeño comercio, donde propietario, administrador, vendedor y responsable frente al cliente muchas veces son la misma persona.
ARIA Los Ríos: construir capacidades de IA desde las regiones
La actividad también refleja uno de los desafíos que ARIA Los Ríos busca instalar desde la Región de Los Ríos: que la transformación provocada por la inteligencia artificial no sea observada únicamente desde Santiago, las grandes empresas o el sector tecnológico.
Para su presidente, Boris González, democratizar el acceso a las herramientas es sólo una parte del desafío. La otra, probablemente más compleja, es democratizar la capacidad de utilizarlas con sentido.
Hoy una microempresa puede acceder desde un teléfono a capacidades de inteligencia artificial que hace pocos años habrían requerido infraestructura, especialistas y presupuestos considerables. Sin embargo, disponer de esas capacidades no garantiza saber incorporarlas al trabajo.
Ahí aparece el rol que ARIA Los Ríos busca desarrollar como articulador regional: conectar inteligencia artificial, empresas, instituciones, academia, profesionales y territorio, promoviendo una adopción que responda a necesidades concretas de la Región de Los Ríos.
La alianza con la Cámara de Comercio Detallista de Valdivia representa precisamente ese enfoque. En lugar de esperar que las pequeñas empresas lleguen al ecosistema tecnológico, la inteligencia artificial se acerca a los espacios donde esas empresas ya están organizadas y trabajando.
VirtualPoint: de experimentar con IA a transformar empresas
La jornada tiene también una conexión directa con la visión que Boris González está desarrollando desde VirtualPoint, empresa que dirige y desde la cual trabaja en transformación empresarial aumentada por inteligencia artificial.
La tesis es que incorporar IA no consiste en sumar aplicaciones por moda ni en convertir cada proceso en una automatización.
Primero está el negocio.
Después, el problema.
Y sólo entonces aparece la tecnología.
Desde esa mirada, experimentar con ChatGPT desde un teléfono puede parecer un primer paso muy básico, pero puede abrir una evolución mucho más profunda. Una empresa comienza utilizando IA para resolver una tarea, luego descubre patrones repetitivos, identifica procesos que pueden mejorarse y finalmente puede avanzar hacia asistentes, automatizaciones y sistemas integrados a su operación.
El objetivo deja entonces de ser “usar inteligencia artificial” y pasa a ser trabajar mejor utilizando nuevas capacidades tecnológicas.
Para VirtualPoint, esa diferencia es estratégica: el valor no está en la herramienta, sino en los resultados que una organización puede obtener mediante ella.



Una transformación que puede comenzar desde el bolsillo
Quizás la imagen más significativa de la masterclass no fue una demostración tecnológica sofisticada.
Fue mucho más sencilla: comerciantes y emprendedores utilizando sus propios teléfonos para resolver problemas relacionados con sus negocios.
La escena resume buena parte del cambio que está ocurriendo.
La inteligencia artificial ya no exige necesariamente una gran infraestructura para comenzar. Una microempresa puede experimentar hoy con capacidades que permiten redactar, analizar, organizar, comparar, resumir, crear y apoyar decisiones desde un dispositivo que lleva diariamente en el bolsillo.
Eso no significa que implementar inteligencia artificial en una empresa sea automáticamente fácil. Tampoco que todas las respuestas de una IA sean correctas. Durante la jornada se insistió precisamente en la necesidad de revisar información, proteger datos sensibles y mantener siempre la decisión final en las personas.
Pero sí significa que la barrera para comenzar ha disminuido radicalmente.
La experiencia desarrollada por ARIA Los Ríos y la Cámara de Comercio Detallista de Valdivia muestra una posible ruta: menos discursos sobre el futuro y más experimentación sobre problemas del presente.
Para Boris González, ese es precisamente el punto donde la inteligencia artificial comienza a adquirir sentido empresarial.
La transformación no empieza cuando una empresa compra tecnología. Empieza cuando descubre una mejor manera de trabajar.